15 diciembre 2013

Tercer Domingo de Adviento

uan se enteró en la cárcel de las obras que hacía el Mesías y mandó dos discípulos a preguntarle:
3 - ¿Eres tú el que tenía que venir o esperamos a otro?
4 Jesús les respondió:
- Id a contarle a Juan lo que estáis viendo y oyendo: 5 Ciegos ven y cojos andan, leprosos quedan limpios y sordos oyen, muertos resucitan y pobres reciben la buena noticia (Is 26,19). 6 Y ¡dichoso el que no sé escandalice de mi!
7 Mientras se alejaban, Jesús se puso a hablar de Juan a las multitudes:
- ¿Qué salisteis a contemplar en el desierto?, ¿una caña sacudida por el viento? 8 ¿Qué salisteis a ver si no?, ¿un hombre vestido con elegancia? Los que visten con elegancia, ahí los tenéis, en la corte de los reyes. 9 Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver un profeta? Sí, desde luego, y más que profeta; 10 es él de quien está escrito: Mira, yo envío mi mensajero delante de ti; él preparará tu camino ante ti (Ex 23,20; Mal 31). 11 Os aseguro que no ha nacido de mujer nadie más grande que Juan Bautista, aunque el más pequeño en el reino de Dios es más grande que él.


La actuación de Jesús dejó desconcertado al Bautista. Él esperaba un Mesías que extirparía del mundo el pecado imponiendo el juicio riguroso de Dios, no un Mesías dedicado a curar heridas y aliviar sufrimientos. Desde la prisión de Maqueronte envía un mensaje a Jesús: "¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?".
Jesús le responde con su vida de profeta curador: "Decidle a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia". Este es el verdadero Mesías: el que viene a aliviar el sufrimiento, curar la vida y abrir un horizonte de esperanza a los pobres.
Jesús se siente enviado por un Padre misericordioso que quiere para todos un mundo más digno y dichoso. Por eso, se entrega a curar heridas, sanar dolencias y liberar la vida. Y por eso pide a todos: "Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo".
Jesús no se siente enviado por un Juez riguroso para juzgar a los pecadores y condenar al mundo. Por eso, no atemoriza a nadie con gestos justicieros, sino que ofrece a pecadores y prostitutas su amistad y su perdón. Y por eso pide a todos: "No juzguéis y no seréis juzgados".
Jesús no cura nunca de manera arbitraria o por puro sensacionalismo. Cura movido por la compasión, buscando restaurar la vida de esas gentes enfermas, abatidas y rotas. Son las primeras que han de experimentar que Dios es amigo de una vida digna y sana.
Jesús no insistió nunca en el carácter prodigioso de sus curaciones ni pensó en ellas como receta fácil para suprimir el sufrimiento en el mundo. Presentó su actividad curadora como signo para mostrar a sus seguidores en qué dirección hemos de actuar para abrir caminos a ese proyecto humanizador del Padre que él llamaba "reino de Dios".
El Papa Francisco afirma que "curar heridas" es una tarea urgente: "Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor, cercanía y proximidad a los corazones... Esto es lo primero: curar heridas, curar heridas". Habla luego de "hacernos cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia y consuela". Habla también de "caminar con las personas en la noche, saber dialogar e incluso descender a su noche y oscuridad sin perderse".
Al confiar su misión a los discípulos, Jesús no los imagina como doctores, jerarcas, liturgistas o teólogos, sino como curadores. Su tarea será doble: anunciar que el reino Dios está cerca y curar enfermos.

José Antonio Pagola

Evangelii Gaudium en 30 frases

Evangelii Gaudium

11 diciembre 2013

Viñeta del "Roto" en El País


Campaña contra el hambre en el mundo

Queridos hermanos y queridas hermanas:
Hoy tengo el placer de anunciarles la "Campaña contra el hambre en el mundo", lanzada por nuestra Caritas Internationalis y comunicarles que es mi intención darle todo mi apoyo.
Esta Confederación, junto a sus 164 organizaciones miembros, está hoy empeñada en 200 países y territorios de todo el mundo y su labor es el corazón de la misión de la Iglesia y su atención hacia todos aquellos que sufren per ese escándalo del hambre, con el que el Señor se identificó cuando dijo: "Tuve hambre y me diste de comer"...
Nos encontramos ante un escándalo mundial de casi mil millones de personas. Mil millones de personas que todavía sufren hambre hoy. No podemos mirar a otra parte, fingiendo que el problema no exista. Los alimentos que hay a disposición hoy en el mundo bastarían para quitar el hambre a todos.
La parábola de la multiplicación de los panes y los peces nos enseña precisamente eso: que cuando hay voluntad, lo que tenemos no se termina, incluso sobra y no se pierde.
Por eso, queridos hermanos y hermanas, les invito a que hagan un lugar en sus corazones para esta urgencia, respetando ese derecho que Dios ha concedido a todos, de tener acceso a un alimentación adecuada.
Compartamos lo que tenemos, con caridad cristina... Invito a todas las instituciones del mundo, a toda la Iglesia y a cada uno de nosotros mismos, como una sola familia humana, a dar voz a todas las personas que sufren silenciosamente el hambre, para que esta voz se convierta en un rugido capaz de sacudir al mundo.
Esta campaña quiere ser también una invitación a todos nosotros, para que seamos conscientes de lo que significa desperdiciar la comida... Es también una exhortación para que dejemos de pensar que nuestras acciones cotidianas no tienen repercusiones en la vida de quienes - cerca o lejos de nosotros - sufren el hambre en su propia piel.
Les pido de todo corazón, que apoyen a nuestra Caritas en esta noble Campaña, para actuar como una sola familia, empeñada en asegurar alimentos para todos.
Roguemos al Señor para que nos conceda la gracia de ver un mundo en el nadie deba morir de hambre